Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Esposas solas 

 

 

No cabe duda que el confesionario es uno de esos lugares privilegiados para asomarse a lo más bello del ser humano: El alma. Hay quienes en la práctica de confesarse ven un recurso para recuperar la paz, para buscar consuelo, para escuchar un consejo desinteresado y neutral ante problemas humanos de todo tipo, y en parte tienen razón aunque su fin principal es recibir el perdón divino por las faltas cometidas.
Dentro de ese mundo interior que aflora en tantas charlas secretas suelen escucharse historias tristes de almas lastimadas por la soledad, pero no de quienes viven en lugares apartados, sino de aquellos que conviven con sus familiares más cercanos. Estas situaciones se dan tanto en hombres como en mujeres, pero quizás por la sensibilidad femenina suelen aparecer más frecuentemente en ellas.
Aunque cada persona es irrepetible y singular, es más común que los señores no le den la importancia requerida a las quejas de sus esposas cuando reclaman que se sienten solas. Una respuesta común suele ser: “Ya estás otra vez tú con tus cosas”, con lo cual no caben más argumentaciones y por parte del marido se da el carpetazo para cerrar el asunto.
Es cierto que en estos casos lo que se lastima son los sentimientos y éstos son subjetivos, por lo cual muchos varones les restan importancia. La fiebre se puede medir con termómetros y muchas enfermedades con resultados clínicos de laboratorio, pero no existen medios para calibrar los sentimientos.
La conducta propiamente humana debe tener como punto de partida el uso de la razón para que la voluntad pueda dirigir sus esfuerzos hacia donde la inteligencia le marca, pero además de estas potencias superiores del alma están los sentimientos que pueden ser muy volubles y no razonables, por eso es fundamental el esfuerzo para no dejarse arrastrar por ellos evitando, siempre que sea posible, cometer errores. Sin embargo, nuestra naturaleza es compleja y las emociones hacen acto de presencia y no por ser subjetivas han de considerarse erróneas. La tristeza —por mencionar una entre otras— puede tener motivos objetivos.
Los sentimientos pueden verse como “asuntos sin importancia”, sin embargo, la importancia no se la dan la objetividad o subjetividad, sino el hecho real de que esto es parte del ser de la persona amada y entonces lo subjetivo pasa a ser algo objetivo: Simplemente ella se siente así.
Cuando estos asuntos no se tratan adecuadamente, con la atención y prudencia requeridas, se convierten en grietas que van aumentando en anchura y profundidad hasta llegar a rompimientos definitivos.
Alex Rovira nos dice que los seres humanos para desarrollarnos necesitamos alimento, oxígeno y agua, pero sobre todo necesitamos caricias… la caricia externa; no sólo entendida como el contacto de piel con piel. Una caricia es una mirada, es un gesto amable, es un mensaje, es una mano en el hombro, es una sonrisa, es una crítica constructiva… caricia entendida como signo de reconocimiento.
En definitiva; no nos sentimos solos cuando nos sabemos acompañados; cuando las personas amadas están realmente presentes…, cariñosamente presentes.

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