Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Abejorros en busca de libertad

Hace ya muchos años, durante una clase a las 8 de la noche, en un salón que tenía las ventanas abiertas, entró un abejorro bastante ruidoso. Tal situación requería tomar cartas en el asunto. La misión era indiscutible: capturar al ágil y molesto himenóptero de la manera más discreta posible.

Así las cosas, dirigí la mirada a un amigo que se encontraba en el extremo opuesto del recinto, para contar con la anuencia de alguien más y así poder repartir la responsabilidad del ridículo que me esperaba ante aquel público. Y como no hay peor lucha que la que no se hace, eché mano a mi bolsillo, saqué un pañuelo para contar con un instrumento que me facilitara la irrisoria cacería. 

Yo me encontraba sentado junto a una pared en la que había una ventana falsa, pues consistía en un simple hueco con lámparas de neón detrás de unos vidrios de colores tenues, pero que estaba medio abierta. Pues bien, sin proponérmelo, cuando abrí mi pañuelo éste se iluminó de golpe con gran brillo de las luces de neón, y el abejorro, descubriendo que se había abierto una nueva ventana, trató de “salir” por ella, y en línea recta, a gran velocidad, se lanzó hacia el centro de mi pañuelo, de tal forma que lo único que faltaba era doblarlo para concluir su captura y así guardarlo. 

Nadie se atrevió a preguntarme si aquella “ingeniosa y astuta acción” había sido fríamente calculada o si sería la forma en la que yo acostumbraba capturar insectos voladores. Por supuesto que tampoco aclaré que fui yo el primer sorprendido por aquel suceso, disfrutando que mis bonos estaban a la alza ante mis condiscípulos y el maestro. 

Al reflexionar sobre la conducta de esos insectos puedo observar en algunos de nosotros una tendencia semejante para escapar de la oscuridad de nuestra realidad hacia espacios abiertos, para acceder a una libertad mucho mayor, aunque con frecuencia falsa. Pero por otra parte, es evidente que en el trabajo de organización, y en la educación de los hijos, solemos olvidarnos de abrir ventanas —oportunidades— provocando, con ello, no pocas frustraciones en los demás y en nosotros mismos. 

Una parte importante del trabajo de los educadores, consiste en la búsqueda de oportunidades para los menores, procurando darles la orientación necesaria, y haciéndolo de tal forma, que puedan desenvolverse en ellas, superando —nosotros— ese miedo que nos domina ante el posible mal uso de su libertad. 

Los grandes fracasos en la formación de los hijos y alumnos, suelen ser producto de una “supuesta educación” basada en negaciones —prohibiciones— en vez de ser una capacitación que busque oportunidades con criterios objetivos, es decir, realidades positivas, con los pies bien puestos en la tierra.

Enseñar a la gente a ser libre, mejor aún, responsablemente libre, supone uno de los retos más importantes, pues todos sabemos que la vida no es fácil, y que requiere de valentía y madurez para enfrentarla. 

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