Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Estamos en shock

Ante el crimen cometido por un adolescente en Monterrey mucha gente está en shock y con justa razón. Muchos padres de familia estarán experimentando el temor de que este tipo de violencia pueda repetirse y afecte a sus hijos. Ese miedo es natural.
Tristemente estos hechos pueden replicarse en cualquier momento y lugar, pues el daño es muy serio y está extendido. Me refiero al daño que varias redes sociales hacen en las mentes de menores de edad. Pero no debemos pensar que “esos medios de comunicación” son los causantes de fondo en una problemática que en verdad es multifactorial, pues aquí están involucrados elementos de ausencia de autoridad en muchos hogares, familias disfuncionales, alcoholismo, video-juegos violentos, programación basura en la televisión, la educación laica, y muchos más.
Hay adultos que están asustados cuando se afirma que muchas veces son los mismos niños quienes están enviando material pornográfico a través de las redes sociales, pero sin sentirse mal por ser ellos —padres de familia— quienes también lo hacen. No estamos ante una realidad que se presente en adultos incultos y de clases económicamente bajas, sino también entre profesionistas que, en su momento, fueron “hijos de buenas familias”.
Todos sabemos que el tema de la autoridad moral es de gran importancia en la familia, pero también somos conscientes de que ésta está muy devaluada y, por consiguiente, en la sociedad civil, en la escuela y en todas partes.
Un juez en materia penal para menores de edad en España —con muchos años en su cargo— afirma que hoy tenemos una droga que son los celulares y las redes sociales. Las llama drogas pues causan adicción con todas sus consecuencias. El tema es opinable pero, en este caso, es la opinión de un señor que tiene mucha experiencia en e trato con delincuentes infantiles y juveniles, por eso creo que su punto de vista es digno de tenerse en cuenta.
Como también es padre de familia, sabe sobre los problemas que trae el tener hijos. En este sentido comenta que ahora se les habla mucho a los niños de sus derechos, pero poco de sus responsabilidades, y los hijos tienen obligaciones que cumplir dentro y fuera del hogar, y una muy importante es respetar y obedecer a sus padres.
Sabemos que todo esto suena a “moralina”, y que hoy en día está muy mal visto que alguien se atreva a dar consejos de cómo se debe portar la gente (o sea todos nosotros). Esos son “argumentos pasados de moda”, “de épocas ya superadas”. Me pregunto: ¿Qué estarán pensando en estos momentos los papás del niño que mató a su maestra y a sus compañeros de clase?
¿Será demasiado tarde para poder remediar tantos daños en las mentes y en las almas de muchos menores? Ojalá que no. Toda persona, todo matrimonio, toda familia, toda escuela, toda sociedad podemos y debemos mejorar en algo. Vale la pena descubrir en qué, y cómo podemos hacerlo, pues si no, cuando pase el tiempo superaremos el shock, y todo seguirá igual.
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