Amor, como materia de estudio

Autor: Padre Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

La vida no es fácil, sobre todo cuando nos enfrentamos a la obligación de amar que se contrae, libremente, por medio de un acto formal: “y prometo serte fiel y amarte y respetarte todos los días de mi vida”, por eso con frecuencia nos topamos con graves fracasos que desembocan en divorcios. No cabe duda que a veces lo “obligatorio” puede resultar “difícil”, pero estos dos conceptos no son sinónimos.

El ambiente actual no acepta que amor y obligación sean compatibles; “el amor obligado no es tal”, dicen algunos; pero desde otro punto de vista no puede haber obligación de más valor que la de amar. “No me casé contigo porque te quiera sino para amarte toda la vida”, fue la respuesta del Canciller Bismark a su esposa cuando ella le manifestó sus celos.

Conviene no perder de vista que la soberbia, y su hijo consentido: el orgullo, no son necesariamente unos gigantes, pueden ser enanos… “pigmeos”, pero con dardos envenenados.

Cuentan que un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que, por lo tanto, pensaba separarse de ella. El sabio lo escuchó; lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: ámela. Luego guardó silencio. Aquel esposo repuso: Pero es que ya no siento nada por ella. Ámela, insistió el sabio. Y ante el desconcierto de aquel hombre, después de otro silencio, agregó lo siguiente: Amar es una decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo, y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir, valórela, acéptela, respétela, déle afecto y ternura, admírela y compréndala. En una palabra: Ámela”.

Sobre el tema, un personaje de Chesterton dice: Hay que convencer a los casados que tengan aventuras amorosas con sus mujeres legítimas.

Mientras no se refuerce la fidelidad matrimonial, toda supuesta promoción de la familia resulta inútil e hipócrita. La fidelidad se ha de construir día a día con el ejercicio de virtudes que, en muchos lugares, tienen mala prensa.

Desafortunadamente no se imparten clases de la materia del amor en las universidades, pero afortunadamente sí en muchas familias. Esta asignatura se cursa en 32 semestres. El programa comprende, entre otros temas: Valoración de la persona: El yo, el tú y el nosotros (15 semestres). Aprender a amar. A quiénes se debe amar. Aprender a dejarse amar. Aprender a perdonar (4 semestres). El matrimonio como vocación de servicio (Ésta se lleva en talleres de convivencia entre hijos, padres y hermanos durante toda la carrera). Las verdaderas y falsas amistades, etc.